
Su Primera sinfonía, Tellsinfonie, escrita en 1822, tiene como telón de fondo la leyenda de Guillermo Tell y su lucha contra los invasores austriacos, y sólo tangencialemnte se le podría considerar una obra programática. En esta obra se pueden detectar ligeras influencias del temprano Mahler, Dvorak, Smetana y un poco del Brahms de la Tercera sinfonía. Su Séptima sinfonía, Suiza, tiene más un sentido nacionalista aunque no lo parezca realmente, y aquí las influencias si bien parecen remitir un poco a Mahler nuevamente y a Nielsen, la verdadera influencia es el compositor noruego Hakon Børresen y su notable Segunda sinfonía. La habilidad de Huber es realmente notable, más allá de posibles influencias o herencias románticas, y su sentido melódico fluye con tal tino y brillantez, que antes de percatarse ya uno acabó de escuchar ambas obras, con el deseo de volver a escucharlas con más atención. Se trata de uno de los rescates musicales más relevantes del romanticismo musical europeo, del que podría considerarse como el más importante compositor suizo, al que vale la pena escuchar con atención, ya que es casi imposible escuchar su música en vivo en alguna sala de conciertos en América Latina.
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