
La ventaja de escuchar una música así es justamente la de la libertad de no tener que relacionar lo que se escucha con lo visto. Por otro lado, desconozco si el orden de las piezas en el disco corresponde a la secuencia fílmica, e incluso desconozco si las piezas son interpretadas en secuencias completas o de manera fragmentada, pero en el disco la mayor parte de la música aparece secuenciada, sin cortes abruptos entre una y otra, lo cual ya indica un deseo del compositor de que sea escuchada de esa forma: como un discurso musical coherente, en lugar de uno fragmentario y desconectado, a la manera de una suite de una hora de duración. En tal sentido, la intensión de Zimmer es clara: desea que la música aquí interpretada viva más allá de la pantalla, aunque siempre quedará la pregunta de hasta qué punto eso podrá suceder, es decir hasta qué punto podría convertirse en música para concierto.
Como sea, el resultado de lo que aquí se escucha, más allá de ciertos clichés en torno a movimientos de aceleración bastante obvios, es el de una música de enorme poder sugestivo, llena de vigor y fuerza expresiva, con un notable lirismo de grandes dimensiones y con amplios planos percusivos de enorme efectividad. Se trata de uno de los mejores trabajos que he escuchado de música para película, que podría tener una vida más allá de las imágenes y convertirse en música de concierto sin mayor problema. Vale la pena asomarse a esta música sugerente y ominosamente poética.
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