
De esta idea surgida de lo que C.G. Jung llamaría coincidentia oppositorum es que Vangelis elabora el tejido musical de su intenso y sorprendente nuevo álbum de 1977, Spiral, en el que la simpleza melódica, como en la pieza que da título y abre el disco, parece hallarse cercana a un impreciso minimalismo, con lo que de hecho Vangelis recupera la simpleza de trazos melódicos con la opulencia de su sonido sinfónico en el que se mezclan asombrosamente la música electrónica con ritmos jazzeados y atmósferas contrastantes. El resultado fue, de nueva cuenta, sorprendente, y refrescante. Al alejarse de toda pretensión conceptual que buscara superar aquellos manejados en los dos discos precedentes, Vangelis de hecho dio una lección de cómo los opuestos justamernte se atraen, y que el contraste entre temas decididamente explosivos, como el que da título al disco y "Dervish D", con aquellos más reflexivos como "Ballad" y "To the unknow man", y el inteligente tejido en espiral que vincula el tema de apertura del álbum con el de cierre "3+3", le dieron al disco un abierto carácter interrogativo, apenas disfrazado por el cable del audífono de la portada, al mismo tiempo que festivo y meditativo, característico de su música de ese periodo. Un disco en verdad deslumbrante, que no ha perdido su frescura y su carácte enigmático y poético.
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